miércoles, 16 de noviembre de 2016

Los que aman no hacen pie.
Uberto Stabile.

Cuando me dejó
algo en mi interior se encogió
y se encogió
hasta casi desaparecer en un punto.
En un punto oscuro
como un lunar en mi centro.
Un punto central apocalíptico
que engulle toda la luz del universo
y expulsa toda la ira
de la que estoy compuesta.
La ira de mis pezones pellizcados por sus dedos
la ira del desayuno frío sobre las sábanas frías
la ira del desierto que recorre mis muslos hasta mis tobillos
La ira.
Comprimida en ese punto lunar
no solo me expando en miseria grotesca y homicida;
también me concentro, menguo y desaparezco
en un yo que nunca ha dejado de ser él.
Cuando me dejó
el mundo cambió sus tonalidades
y se arrodillaron el amor y la rutina,
se sometieron al año
al tiempo de un año
al espacio de un año
Un año.
El mundo no parece el mundo,
parece mentira
y yo no parezco él,
parezco mentira.
Cuando me dejó
yo parecía la mentira que había contado al mundo.
Yo era esa mentira
mezquina
escondida en la inercia de pasar días.
Llegada yo a ese punto
a ese lugar en el que no hay nada,
en el que solo hay un minuto atroz
de dientes afilados amenazando con masticarme entera,
me encuentro encogiéndome hasta casi desaparecer
en un punto.
Y me doy cuenta de que, cuando me dejó,
yo ya me había abandonado
y de que tengo que nadar
porque los que aman no hacen pie.

sábado, 29 de octubre de 2016

FIN

Le sostengo la cabeza entre mis brazos, su pesado cuerpo que fue creciendo desmesuradamente se derrama sobre mis piernas como una seda de oriente, lánguido sin fuerza ya y sin latido. Le acaricio la frente dulcemente en agradecimiento a todo lo que me ha dado y ha podido más mi compasión por él que todo mi odio. Cómo pudo crecer tanto y tan poco. Lo que en un extremo decrecía en el otro se expandió casi al mañana. Pero todo es finito por naturaleza y por suerte. Y no sé cuánto tiempo llevo sosteniendo su cabeza, solo sé que ya se muere, que pronto besaré su frente fría y desaparecerá entre mis dedos, hacia mi corazón tapando el hueco, en mis labios como un susurro, un silbido como un viento que te enfría los ojos.

Ya no podré llorarte más, mi amor, me pondré triste por tu poca importancia. Saldrás del mundo para ser olvido, no pesarás nada, te habrás apagado como la desesperanza. Pero no te habré abandonado.

sábado, 8 de octubre de 2016

Y digo yo
que este ser infinito de ti
podría en algún momento llegar al fondo
en algún lugar llegar al límite
cruzarse con una recta en un punto del universo.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Ahora ya no puedo oírte
solo escucho a la ciudad
su lento vaivén de personas
su tráfico somnoliento y permanente.
Escucho a los paseantes
que deambulan arriba y abajo
dejándome pedazos de conversaciones,
unirlas es como confeccionar una historia
muchas veces absurda.
Escucho el tip tip tip de los semáforos
advirtiendo el hombrecillo rojo
y el revuelo de los pájaros cuando
va anocheciendo en la alameda.
Escuché una vez
que su trino desesperado y caótico
es porque creen que cada anochecer
se acaba el mundo.
Escucho caer las hojas de los árboles 
en este final de verano,
septiembre en las terrazas de los bares, 
las risas y la música mitigada por el abrir
y cerrar de las puertas de los locales de moda.
Colegiales histéricos escapando del colegio
me rodean y me confunden con ellos
como en un banco de medusas.
Media vuelta aleatoria paseando
por esta ciudad anodina
en la que soy huésped nuevo
porque no quiero volver a ella.
Pero a ti no te oigo,
a ti solo te veo alejarte
como en una pintura impresionista
borroso y líquido.




miércoles, 7 de septiembre de 2016


Empezar a remar es el primer paso, no supe cuándo era el momento, esperé lo necesario, lo justo, lo que creí. Y me puse a remar. Tampoco puedo contar el tiempo que estuve flotando sin rumbo sobre aquel mar gris plomo, suave, silencioso, agradable. Debió de ser mucho tiempo. O poco. Eso depende de quién lo mida. Para mí creo que fue largo. Cuando no eres consciente de tu sufrimiento, cuando logras por fin abstraerte de él, mirarlo como el que mira el reflejo en un espejo, ya no lo sientes. Sí lo sientes pero es como si no lo sintieras, el mismo dolor te droga, te eleva a una sensación de colocón que te aleja del mundo y la realidad. Entonces es cuando te ves en tu barca, no hay nadie, nada, solo unos remos y tú. Y un mar gris plomo infinito que te mece y te adormece. No sabes cómo coño has llegado allí, pero tampoco te importa. No sabes para qué están allí los remos porque tampoco quieres ir a ningún sitio. Y allí te quedas, en esa facilidad, mecida, adormecida, drogada por un dolor que crees que no sientes.

viernes, 26 de agosto de 2016

Creo que ir y venir ayuda, subir y bajar como en una montaña rusa, acercarse y alejarse como en un péndulo, ayuda. Ayuda a venir. 
Y a quedarse, sin pretensiones, solo por el gusto de explayarse, desintoxicarse, tender una mano, compartir un salvavidas.
Quién anda ahí, no sé.
Le debo ayudarla.

jueves, 19 de mayo de 2016

LUZ EN LOS EPEJOS

tal vez esto se parezca a nacer
salir de la piel que me ha envuelto tanto tiempo
y crecer fuera de mí
y a mi costa
estallar por la yema de mis dedos
y ver de nuevo mi imagen en el espejo
luz en los espejos
yo en los espejos
distinta pero la misma
hablar de mí
pensar en mí
ver cómo me prolongo
más allá de las cuatro esquinas de esta cama
sin el norte en mi ombligo
cómo conquisto las escaleras
las bajo
y verme cerrar la puerta a mi espalda
cómo salgo
me prolongo
y salgo