viernes, 16 de septiembre de 2016

Ahora ya no puedo oírte
solo escucho la ciudad
su lento vaivén de personas
su tráfico somnoliento y permanente.
Escucho a los paseantes
que deambulan arriba y abajo
dejándome pedazos de conversaciones,
unirlas es como confeccionar una historia
muchas veces absurda.
Escucho el tip tip tip de los semáforos
advirtiendo el hombrecillo rojo
y el revuelo de los pájaros cuando
va anocheciendo en la alameda.
Escuché una vez
que su trino desesperado y caótico
es porque creen que cada anochecer
se acaba el mundo.
Escucho caer las hojas de los árboles 
en este final de verano,
septiembre en las terrazas de los bares, 
las risas y la música mitigada por el abrir
y cerrar de las puertas de los locales de moda.
Colegiales histéricos escapando del colegio
me rodean y me confunden con ellos
como en un banco de medusas.
Media vuelta aleatoria paseando
por esta ciudad anodina
en la que soy huésped nuevo
porque no quiero volver a ella.
Pero a ti no te oigo,
a ti solo te veo alejarte
como en una pintura impresionista
borroso y líquido.




miércoles, 7 de septiembre de 2016


Empezar a remar es el primer paso, no supe cuándo era el momento, esperé lo necesario, lo justo, lo que creí. Y me puse a remar. Tampoco puedo contar el tiempo que estuve flotando sin rumbo sobre aquel mar gris plomo, suave, silencioso, agradable. Debió de ser mucho tiempo. O poco. Eso depende de quién lo mida. Para mí creo que fue largo. Cuando no eres consciente de tu sufrimiento, cuando logras por fin abstraerte de él, mirarlo como el que mira el reflejo en un espejo, ya no lo sientes. Sí lo sientes pero es como si no lo sintieras, el mismo dolor te droga, te eleva a una sensación de colocón que te aleja del mundo y la realidad. Entonces es cuando te ves en tu barca, no hay nadie, nada, solo unos remos y tú. Y un mar gris plomo infinito que te mece y te adormece. No sabes cómo coño has llegado allí, pero tampoco te importa. No sabes para qué están allí los remos porque tampoco quieres ir a ningún sitio. Y allí te quedas, en esa facilidad, mecida, adormecida, drogada por un dolor que crees que no sientes.

viernes, 26 de agosto de 2016

Creo que ir y venir ayuda, subir y bajar como en una montaña rusa, acercarse y alejarse como en un péndulo, ayuda. Ayuda a venir. 
Y a quedarse, sin pretensiones, solo por el gusto de explayarse, desintoxicarse, tender una mano, compartir un salvavidas.
Quién anda ahí, no sé.
Le debo ayudarla.

jueves, 19 de mayo de 2016

LUZ EN LOS EPEJOS

tal vez esto se parezca a nacer
salir de la piel que me ha envuelto tanto tiempo
y crecer fuera de mí
y a mi costa
estallar por la yema de mis dedos
y ver de nuevo mi imagen en el espejo
luz en los espejos
yo en los espejos
distinta pero la misma
hablar de mí
pensar en mí
ver cómo me prolongo
más allá de las cuatro esquinas de esta cama
sin el norte en mi ombligo
cómo conquisto las escaleras
las bajo
y verme cerrar la puerta a mi espalda
cómo salgo
me prolongo
y salgo

viernes, 27 de noviembre de 2015

CUESTIÓN DE PERSPECTIVAS

"Yo, por mi parte,

 te diré que te entiendo, 
 y lo respeto.

 Dejaré mi verdad a los poemas."            Elvira Sastre.



Desde la perspectiva del silencio la ciudad parece otra, su luz se ha vuelto cítrica y triste, como todo. Apuesto a que existen fiestas de fin de curso y veranos insolentes al otro lado. En el lado oculto de esta perspectiva. Ese lado que nunca consigo verle a esta. La otra. La que no negocia. Optar por la perspectiva del silencio no ha sido fácil, desde aquí es imposible articular palabra -tampoco adiós-. No puedo decir que duele o cómo duele, aunque si pudiera decirlo cambiaría poco en el fondo. Dolería desde otra perspectiva. Desde aquí las verdades no se pronuncian, no se oirán nunca, nunca se sabrán, aunque siempre serán verdades como templos, enormes. Serán verdades silenciosas. Tampoco se dicen besos, ni buenas noches. No se dicen ni miradas. Desde la perspectiva del silencio me estoy yendo, tan callada que nadie se volverá para verlo. Y es que ni siquiera puedo decir que yo, por mi parte, te entiendo y lo respeto. 
Y que dejaré mi verdad a los poemas.

sábado, 10 de octubre de 2015

los voy a guardar así sin juntarlos,
cada cual único, particular, finito.
Nunca más formarán un todo
será cada uno una imagen
una fecha
un yo distinto
un beso casi en la boca
casi en la mejilla.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Un día morirás en mí
se ceñirá un abrazo a mi cintura como una sentencia
y cerraremos las puertas y ventanas de la casa.
Por fin me creerás y me creeré
aunque vuelvas a sonreir desde tus pupilas
sabremos que habrás muerto
porque, aun no perdiendo la memoria,
aunque parezca una locura,
no te reconoceré,
serás real como tu muerte.
Podré entonces llorar tu pérdida
desde la victoria de la certeza
ya sin lucha  
con la calma de la resignación
saldremos a la calle y la caminaremos.
No lo sabrás pero yo también estaré muerta.