jueves, 12 de noviembre de 2009

39

El tiempo no pasa, devasta, arruina, destruye. Veo los años pasados en la cara de la gente, en sus arrugas, en comisuras de labios caídos, en ojos vidriosos que hablan de envidia, veo el paso de mis años en la gente. Mis arrugas, mis ilusiones perdidas, mi aspecto de mujer madura. Sólo tengo 39 años, soy joven, pero tengo 39 años y soy vieja.

Ha pasado ya media vida pero ¿queda otra media? Paseo por las calles con paso vigoroso de quinceañera, me resisto o casi niego a ponerme unos tacones, compro en el fondo del Zara. Pantalones moros, pañuelos hippis, pendientes de plata. Pero el tiempo ha pasado, pasa, sigue pasando y ya tengo 39 años. Pero, si sólo tengo 39 años.

El paso del tiempo sólo te vacía, hay gente, mucha gente, que cree todo lo contrario, que te enriquece, que aprendes, que experimentas. Pero eso es mentira, el tiempo sólo te quita, te quita la juventud, tu cuerpo vivo brillante y hermoso. Te quita las esperanzas, te quita las noches en la playa. Te lleva al límite, te acerca al precipicio, te enseña la nada. Te enseña que no hay nada. Que nada perdura. Que nada persiste. El tiempo no pasa, devasta, arruina, destruye.