martes, 15 de junio de 2010

El círculo perfecto

La distancia es un bálsamo, como poner el "pause", pura teoría. Si no piensas a conciencia todavía están allí, es como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera como antes. En mi mente de niña, de adolescente, un pueblo que no crece, que no cambia. Hasta que vuelves y te preguntas, le pregunto a mi hermana: ¿esta calle era tan estrecha? ¿o es que nosotras éramos muy pequeñas y todo lo veíamos como más grande?. La distancia, esta distancia de kilómetros y años hace que mis abuelos estén vivos, mi tía... que mis primos sean pequeños, que haya risas veraniegas en ese patio, olor a tostadas y café con leche a la hora de la merienda, niños cazando moscas con vasos de plástico. Música entrecortada que trae el viento en las noches de verano.
Perdón
por no ir más veces
por no haber ido antes
por no haberme quedado
por no haberos traído
por la distancia
por el tiempo
por la pura teoría
por un sin fin de navidades
por no ejercer de nieta
por no tener abuelos
por tener abuelos
por estar lejos
por no estar
por no saber qué hacer
por no haberte llevado nunca cacahuetes.
La distancia es un bálsamo, te hace un relámpago azul cruzando los umbrales de tu casa, me trae unos ojos azules al lado de una nariz muy grande, juegos en tus rodillas...
Tricotín tricotán...
Una rosa en tu cara suave como el terciopelo, y tu risa...
de la vera veraván.
Lo mejor es el azul del cielo y el mar centelleando, brillando en el horizonte como nunca más volví a verlo.
Del palacio a la cocina
¿cuántos dedos tienes encima?