sábado, 21 de agosto de 2010

FIN


Cuando te hayas ido
y todo tu descanso en mi casa pase a ser el rastro brillante, lento del paso de un caracol,
recogeré las alfombras, cerraré las ventanas...
A lo mejor te llamo sin darme cuenta desde la cocina y sabré cierto que te has ido
cuando no obtenga respuesta.
Tu voz no llegará perezosa desde el sofá, tu olor no volará invisible por el pasillo,
volveré la cabeza pero no estarás peinándote en el cuarto de baño. No estará tu cepillo
ni tu perfume.
Cuando te hayas ido
y la puerta se selle con un portazo sonoro que dirá -me voy, es cierto que me voy- la blindaré
para no salir corriendo tras de ti.
Atado de pies y manos, ciego y amordazado, aplastado por mi inconsciencia
dejaré que te vayas mientras te observo a través del cristal húmedo de las lágrimas
que te desdibujan otorgándote el anónimo,
devolviéndome a la nada...
Me comeré tu ausencia por la mañana con el desayuno, será como si estuvieras
o como si fueras a volver... enfrascado al vacío en mi vida de mierda,
esperando que el agujero negro de mi estómago acabe engulléndome
y cuando por fin vomite sea otro y tú seas otra
y ya no duela.

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