lunes, 28 de noviembre de 2011

BARES, QUÉ LUGARES


Mi corazón late despacito, lo oigo al compás de tus pasos. Si todos callaran tú también podrías oírlo. Lo traigo en el bolso porque me ha dado miedo de perderlo en ese beso que aún no me has dado. Disfrazada de normal he venido para contarte alguna cosa y sobre todo para verte hablar delante de tu cocacola y dejar que mi mente divague en tus palabras, esperar, segura de que sucederá, ese gesto que haces con tus labios que tanto me gusta. Soñando con que tus palabras se vuelvan colores y destiñan las paredes grises de este bar o que se transformen en mis deseos que nunca se cumplen. Que suenen con esa canción que se nos va colando en la conversación y provoca que pares de hablar para escuchar y pronosticar de que grupo se trata, -me gusta- dices. Tú me gustas también como suenas entre los sorbos de mi café. Te comería ahora mismo como si fueras la galleta que descansa en el borde del platito pero me limito a mirarla y darle vueltas a la cucharilla dentro de mi taza. Me doy cuenta de que aún no he dicho ni una palabra y para enmendarlo suelto un descuidado- bueno, te comería-. Y tú, sin sostener mi mirada dices -hazlo-.

martes, 15 de noviembre de 2011

canción de aniversario


"...incómodos
de no sentir el peso de los años".
J. Gil de Biedma


Son
extrañamente hermosos todavía,
estos labios de hace ahora tres años
y me parece inédito
el gesto de tu beso,
este llegar aquí cada vez más tranquilo,
con la serenidad
del que tiene por cómplice la vida
y su rutina.

Hoy sabemos que entonces,
cuando tus veinte años y mi primer abrazo,
empezamos por ser
sobre todo indecisos: la tímida torpeza
de la primera noche
y la dificultad
con que dejar las manos
en el hábito infiel de nuestros vicios.

Ahora
extrañamente hermoso estar aquí,
demasiado a menudo y decididos,
incómodo
de no sentir el peso de los años
aprendiendo contigo la premeditación
y escribiendo en tu piel mi alevosía.

Porque suele haber bancos donde se espera siempre,
aceras que prefieres por costumbre
o líneas de autobús al mediodía.

Y sin embargo tú
reapareces inédita en tu gesto
para decirme hoy
que le conteste al tiempo y sus preguntas
el práctico saber que tienes de mi cuerpo.

Luis García Montero.

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL ESPECIAL DE LA CASA


En mi armario andan colgados unos cuantos vestidos sin estrenar, como lamentos inútiles, lacios mecidos por la calma. Mis manos abren y cierran el armario, se airea de vez en cuando, se prueban y se desaprueban. Alguna noche me pinto los labios pero sigo siendo la misma. Tras las gafas oscuras unos ojos cerrados, así nadie me ve. Me tomas la mano y la rozas apenas con tus labios y yo hago una reverencia y el salón se llena con mi risa y tus ojos cantan entre los destellos de neón. Pero qué tristeza cuando en un cortado va laminado el corazón. Con dos azúcares por favor que esta puta vida no está para que la edulcoren.
Y me gritan desde fuera -¡el especial de la casa joven!.
El especial de la casa soy yo.
Soy yo.