sábado, 31 de diciembre de 2011

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Por reír y por no reír,

por aquella amistad que nos retrató mirándonos,

por el amor verdadero, el del pellizco en el estómago.

Por mi hermana bonita que la adoro,
por mis padres todoterreno.

Por ti.
Por mí.

Por el amor de mi vida que me la robó al nacer,
por su primera palabra y su primera sonrisa.

Porque me necesita para agarrarse al mundo.

Por mis raíces que no se desarraigan del todo.

Por la música y el cielo de mi pueblo.

Por ti.

Por mí.

Por todas las cosas que quiero hacer.

Porque este blog no se muera.

Por mi casita "piripi"

meciéndose al viento al borde del acantilado.

Por el mar que ruge bajo mi ventana,

por el sol de noviembre que calienta mi nariz

y la arena enredándose entre los dedos de mis pies.

Por los aviones que cruzan la noche sobre mi cabeza.

Por pasear cogidos de la mano a oscuras en un descampado.
Por la poesía
y el azúcar en el café solo.
Porque hablemos hasta agotar todas todas las palabras.

Por mi niña bella, eso ya lo he dicho.
Porque respiro y vibro y siento.

jueves, 29 de diciembre de 2011

en el país de las vacas sin ojos



Ser mujer no es un problema para viajar sola por la India. El problema es ser persona.

Al contrario, siendo mujer y vistiendo el sari, las mujeres se acercarán a mí y ellas, que pocas veces hablan inglés, porque pocas veces van a la escuela, hablarán con sus sonrisas, me arreglarán el sari, esa prenda casi imposible de poner sin alfileres, ni nudos, sostenida en el aire como un milagro que sólo una mujer india sabe hacer. Ellas lo harán por mí todo el tiempo. Me darán a sus hijos para que los alce en brazos y me descubrirán que ser mujer es una raza universal, una raza de oprimidos que hace crecer la hierba y salir el sol. La raza que consigue en todo el mundo que los niños lleguen a mayores.

EN EL PAÍS DE LAS VACAS SIN OJOS

Eugenia Rico.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

PLANETA

Vestís, entre recuerdos aplastados
en el tumulto cotidiano,
entre las voces poderosas de la ciudad
que no es capaz de arrancar sin nosotros,
vestís mi vida de ilusiones
que pasan y que vienen sin intención.

En el papel blanco por fin la encuentro,
mi letra, frágil.
Como una amistad que el tiempo traga
y esconde en su garganta.
Encantada de volver a verte,
sin recordarte pero sin haberte olvidado.
Baila un instante con mis dedos
y por fin se adueña de mí.
Me contenta.

Te conocí y faltaban aún diez años
y ahora eres cinco más grande que yo.
Me abandono en mi decrecimiento
porque quiero despertar entre tus brazos
cuando estalle el mundo.
Y estallará porque lo odio
como si volviera a ser una adolescente.
En este aspecto arcaico de mujer
donde me imaginé un día
sin pensar que venía hacia aquí,
en este aspecto me detengo.
Me miro los ojos, la mandíbula afilada,
el rostro sesgado hundiendo mis mejillas
y soy yo. Sí, soy yo.
Tras los veinte años en los que cerré los ojos
y pedí un deseo...
parece que haya despertado hoy de mi sueño.
Y me parezco hermosa y honda
y circular como un planeta.
Y me parezco mucho a ese de mujer
que tienes y que no conoces.

martes, 20 de diciembre de 2011

a vint-i-cinc de desembre


Fun...
Encendemos lucecitas colgadas de pinos sintéticos, cada año.

Hay que guardar el secreto, pequeña, los niños merecen la magia.
Volveré a comer turrón.

Dices que el día 25 nieva, aquí no,

sí ya verás, nieva.

Tu nariz está helada,
pégala un ratito a mi cara
a ver si así se calienta.
Fun, fun, fun.