sábado, 24 de marzo de 2012

Cuando a mi día le salen los colmillos y las lágrimas desobedientes me queman los ojos, me pelo como una mandarina y me desgajo, mientras ella canturrea en su habitación y en cada cancioncilla suya una losa de culpa se cuela en mi mochila. Ahora todas las noches viene mi gato a mi lado en la cama y trae un beso en su hocico y un murmullo de ronroneo que interpreto como un interrogante.
No sé cuánto tiempo ha pasado.
Sigues teniendo ojos extraños.
Sigo cayendo en su abismo.
Hoy el día traerá de regalo una hora nueva
y no quiero aceptarlo.
Sólo quiero un verano fugaz,
que me trague el tiempo
y me vomite distinta
cuando el día venga a reclamarme
la hora que le debo.

3 comentarios:

Sonia dijo...

Hay días definitivamente, preocupantes, esos que devoran y otros que directamente te vomitan. Saludos

Aire dijo...

gracias por tus visitas! leo todos tus comentarios.

respira. deja al tiempo trabajar. mímate.

un abrazo!

♥ Anabel ♥ dijo...

Desesperación, angustia e inquietud... eso es lo que me trasmiten tus bellos textos... Sigue adelante poeta :)