lunes, 25 de junio de 2012


Y allí me quedé,
tumbada sobre el suelo de tu cuerpo,
con el tan tan de tu corazón
marcando mi destino.
Perdida
tras las migajas de tus ojos de pan.

Hacerme vieja unos cuantos años antes
me da la ventaja de ver como vienes,
como te diriges a mi mismo sitio,
en mis pasos.
Y estar a tu lado 
para observar tu encogimiento
y no soportar que este tiempo te lleve.
Verte dar zancadas alrededor de un poema 
y entrar en él como el que entra en su casa.
Tus ojos de pan no saben verme. 

Pero aún así
cuando yo te conocí
tú ya eras viejo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué esperabas de una cara de panou, si no unos ojos de pan.
Saben verte, échales tomate, aceite y sal y cómetelos. ;)

Marian dijo...

Me encanta pero a la vez me da penita. ;)