lunes, 27 de agosto de 2012

Nuestra felicidad fue extraña.
Una felicidad tristísima sacada de la nada.
De lo que no teníamos
y de lo mucho que andábamos debiendo.
Una felicidad atada a horarios y destinos,
a excusas y horas de comer sin comida
y silencios
y dedos que curaban.
Felicidad de tres de la madrugada
y esperas en esquinas desiertas
cuando me di cuenta de que podía salir sola
y a cualquier hora.
Que nos cambiaba el nombre
y que nos volvía locos
y que nos ponía tristes,
felicidad de suéter de invierno,
de amaneceres descompasados y neutros.
Una felicidad la nuestra
que cuando nos dio a elegir
ya no quisimos serlo.

domingo, 19 de agosto de 2012


foto de Mariana Copello


Te toco con mi mano rebelde,
se acerca silenciosa y cauta
para que no vea como descansa en tu pecho
y se hunde en tu ombligo.
Como recorre acostumbrada
los caminos que te forman
y como,
en una traición severa,
renuncia a mi cuerpo 
para ser sólo
un apéndice del tuyo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Dejo las cosas.
Me alejo de ellas,
las abandono allí donde estaban y quedaron.
Hago el recorrido en mi memoria
Y las acaricio con el recuerdo alguna noche insomne,
descabellada,
criminal sin conciencia.
Dejo de una vez de ańorarlas,
de cobrarme el saldo negativo.
Estoy en paz conmigo y con ellas.
Pero dejo las cosas allí donde brillaron,
allí donde anidaron en mi costumbre.
Mi cama y mi ropa.
Y tu sueńo.
Y mi desdicha.
Allí quise que quedaran
y volví sin maletas.
No llores, ya no es tiempo,
no me pidas que regrese.

miércoles, 8 de agosto de 2012



Esta es nuestra herencia.
No sé de donde vengo
y no se donde he de pararme lejos del laberinto.
Vengo de ti,
lo intuyo,
de tu largo destierro 
que convirtió mi vida en una duna.
De ti vengo
como el que acaba de nacer en un día nuevo
y me quedo siempre atrapada en el segundo,
en el instante justo en el que respondo que sí.

Aullan los perros a la noche
en mi paseo susurro la canción que nos bailó.
Mientras tu mano roza mi pelo
cuando va a descansar en mi hombro.
Te digo -sí.
Aunque no haya pregunta formulada.

lunes, 6 de agosto de 2012


Siempre acabo abrazada a ti,
lamiendo mis heridas en tu regazo.
Intentando un poema de distinta identidad,
sin apellidos, con nombre propio.
Sólo encuentro un anónimo, el mío.
Y unos brazos, los tuyos.