lunes, 27 de agosto de 2012

Nuestra felicidad fue extraña.
Una felicidad tristísima sacada de la nada.
De lo que no teníamos
y de lo mucho que andábamos debiendo.
Una felicidad atada a horarios y destinos,
a excusas y horas de comer sin comida
y silencios
y dedos que curaban.
Felicidad de tres de la madrugada
y esperas en esquinas desiertas
cuando me di cuenta de que podía salir sola
y a cualquier hora.
Que nos cambiaba el nombre
y que nos volvía locos
y que nos ponía tristes,
felicidad de suéter de invierno,
de amaneceres descompasados y neutros.
Una felicidad la nuestra
que cuando nos dio a elegir
ya no quisimos serlo.

2 comentarios:

Sergio DS dijo...

Siempre, la felicidad es lo primero.

Sonia dijo...

Parece bella esa "felicidad tristísima sacada de la nada", extraña sin embargo, cuando se puede elegir y ya no se quiere. Me quedo pensando mucho con este poema, mucho, realmente. Un abrazo Inma