miércoles, 23 de enero de 2013

He decidido que se sienten a mi mesa
y que coman de mi mano.
A veces son mujeres hermosas, 
otras,
susurros en la espalda,
puñaladas y palabras
que bailan en la sopa.
He aprendido a llevarlos al lado
mientras conduzco
y a veces los veo en alguna curva.
Los dejo olvidados en el felpudo
con la tierra de mis zapatos
y cuando entro los encuentro en la cocina.
He decidido que coman de mi mano
y que me hagan llorar 
y que me den miedo.
Vivir con ellos y amarlos
como te amo a ti,
porque todos llevan tu nombre.