miércoles, 23 de enero de 2013

He decidido que se sienten a mi mesa
y que coman de mi mano.
A veces son mujeres hermosas, 
otras,
susurros en la espalda,
puñaladas y palabras
que bailan en la sopa.
He aprendido a llevarlos al lado
mientras conduzco
y a veces los veo en alguna curva.
Los dejo olvidados en el felpudo
con la tierra de mis zapatos
y cuando entro los encuentro en la cocina.
He decidido que coman de mi mano
y que me hagan llorar 
y que me den miedo.
Vivir con ellos y amarlos
como te amo a ti,
porque todos llevan tu nombre.

5 comentarios:

Sergio DS dijo...

Mejor llevarse bien con los fantasmas, más tratables que los vivos (algunos).

Sonia dijo...

lo que no se acepta, persigue. Por qué no hacerse amiga de las sombras y amarlas un poquito como al objeto de su proyección?. Fabuloso!! Besos Inma

Marian dijo...

una gran carga. qué genial eres. :)

Nerea dijo...

Y a veces cambian de nombre.

Besos.

Roberto dijo...



escribes con las vísceras y la sangre...hermoso

gracias por pasarte por mi rincón clandestino, ven siempre que quieras y siéntete como en casa...