miércoles, 27 de febrero de 2013

Todas las ciudades que me negaste
se resisten al pálpito entre sístole y diástole,
arritmia del tiempo que nos trasladó
a otras habitaciones
cuando entre sus avenidas
circulábamos insomnes sin reflejos de escaparate.
Todas las ciudades que fui cada día
se arremolinan en mis pies
como hojas secas de otoño,
atardeceres.
Desciendo y apago
todo lo que brilló a nuestro paso.
En aceras, cuadrícula a cuadrícula,
juego a saltar las rayas
sin pisar ningún nombre de calle,
aún no puedo desaparecer
con toda
la ciudad
que fuimos.
Espectros de fuentes, plazas y terrazas
y yo fumando tu presencia
incluido el homicidio en la calada.

2 comentarios:

la quiltra dijo...

wow!!! potente, cuando el desamor nos arrolla... se nos va la ciudad, la vida, todo!!!

Sarco Lange dijo...

Calles faltas de piedad, peatones que son como sables, marzos indecentes en la retina que provoca el júbilo.