viernes, 22 de marzo de 2013

Siempre siento la necesidad
de hablar contigo.
Contarte cosas inútiles y fugaces
como que se me queda grande esta cocina,
el frigorífico está muy lejos de la cafetera
y se me enfrían las tostadas.
Contarte que ya acumulo cuatro libros
en la mesita de noche,
acaricio sus tapas sin abrirlos
y les ruego que me esperen.
Preguntarte qué haces, dónde estás, qué comes.
Que hoy es viernes y hay fiesta en el salón,
que me he comprado un pintalabios rojo.
Siento esa necesidad desde siempre,
desde dentro,
contra todo.
De una conversación estéril
con un dios que habla por mi boca,
como cuando era niña, 
con mi voz.
De una conversación adicta
a las teclas de este o aquel teclado
y sabiendo
que nunca fueron mías tus palabras.

He decidido no coger el coche
porque me turban los atascos.