miércoles, 3 de abril de 2013



Nos lamemos los dientes
los labios y los ojos
como el animal ancestral
que fuimos 
porque en nuestra boca
nos llevamos a un altar
para la ofrenda mutua
y mientras te sostengo entre mis manos
por un apéndice
alguien susurra en tu oído un poema.
Es tuyo -te dice-
desde el instante mismo en el que lo escuchas.
Me asesina la certeza de saber
que el matiz de la diferencia
siempre está en el que mira
rara vez
está en el que se ve.
Y mientras
a esta ciudad
le sobran relojes y le faltan conceptos
le sobra marzo y arena
y le falta París y quinceañeras
y discos de Sabina y princesas tardías
y tú
entre las motos. 
Ilustración Paula Bonet.

4 comentarios:

Miguel Buján dijo...

Yo, que no estoy acostumbrado a que mis lectores me comenten (tanto) mis poemas, me di contigo de bruces. Todo un trabajo. Me gustó saber que me leías aquí y allá a lo largo de varios textos.

Yo seré un poco más escueto. Me cuesta dejar de mirar al tipo alejándose, insensato, entre las motos.


Un saludo, compañera.

Sergio DS dijo...

Nada de aquello se ha perdido, se retiene.

Sarco Lange dijo...

Tienes el poema debajo de las uñas, tienes las uñas delirando al poema, tienes el poema debajo de las uñas.
Y es un Gran Poema.

Roberto dijo...

una joyita que nos regalas, y te quedas tan tranquila..jeje
un abrazo