viernes, 2 de agosto de 2013


Aún estaba contigo cuando se dobló la esquina
y nos partió como una fracción matemática.
Y amarte fue un camino.
Un bosque espeso de abedules.
Una luna desorbitada.
Éramos
a veces
como el musgo agarrado a la tierra.
Verde, húmedo.
Las soledades, cuando se nombran,
adoptan formas caprichosas
como unos labios, o un mordisco,
o un abanico de pestañas.
O palabras que son cosas
como beso, o adiós.