viernes, 2 de agosto de 2013


Aún estaba contigo cuando se dobló la esquina
y nos partió como una fracción matemática.
Y amarte fue un camino.
Un bosque espeso de abedules.
Una luna desorbitada.
Éramos
a veces
como el musgo agarrado a la tierra.
Verde, húmedo.
Las soledades, cuando se nombran,
adoptan formas caprichosas
como unos labios, o un mordisco,
o un abanico de pestañas.
O palabras que son cosas
como beso, o adiós.

8 comentarios:

Sarco Lange dijo...

Tiende a ocurrir que la ropa se agita en el viento de un deseo que se fue al carajo...

Besos.

Jo dijo...

como se apoltronan y amontonan las cosas y no sabes por donde comenzar a tirarlas...

Miguel Buján dijo...

Los abanicos de pestañas son como mariposas encima de una flor o los labios de un coño rasurado. Y Sarco es un cabrón y por eso hay que protegerle las palabras que escribe como versos. No todo el mundo puede escribir como él escribe. Mucho menos cualquiera puede leerlo sin pestañear dos veces.


¿Podría usar tus dos primeros versos, Inma, en uno de mis poemas?

inma ortiz dijo...

Claro miguel, son todos tuyos. Y sarco es verdad q es un cabrón y q todo lo q toca lo convierte en verso, pero tú también.

Sergio DS dijo...

Algunas palabras duelen, sobre todo cuando el camino se bifurca.

Jo dijo...

gracias por leerme
gracias...

sonia Claudia Martínez dijo...

la belleza de las palabras que son cosas y también llegan a ser adiós. Abrazos Inma

jon gdurban dijo...

Añorar...