martes, 28 de enero de 2014

                                                                               Foto de Marián                            

Aveces se oye el mar desde mi casa,
no desde dentro.
Cuando sales.
Fuera, en la calle.
Es un rugido malhumorado y constante
como si fuera a acercarse a hurtadillas,
pero en verdad
está siempre a la misma distancia.
No pasa lo mismo con el viento,
su silbido es una amenaza
que suena lejana y de pronto,
zas,
se cruza por delante desbaratándote el pelo.
A veces susurra, entre los árboles,
como gente que conversa en el casi silencio
de los funerales.
Llena de hojas la entrada de mi casa.
Es mi casa porque vivimos allí,
quiero decir,
es solo mi casa, nada más.
Un día llegamos, colocamos unos muebles
y desde entonces.
Pero no por ninguna razón de aquellas,
más allá de los objetos.
No es igual con las personas
que nunca son nuestras
aunque nos posean.
Hoy el viento sopla a 24 kilómetros por hora.

1 comentario:

Sonia Martínez dijo...

¿Cómo habitar en alguien que no nos pertenece?..hermosamente triste. Un abrazo bonita