miércoles, 12 de agosto de 2015

Un día morirás en mí
se ceñirá un abrazo a mi cintura como una sentencia
y cerraremos las puertas y ventanas de la casa.
Por fin me creerás y me creeré
aunque vuelvas a sonreir desde tus pupilas
sabremos que habrás muerto
porque, aun no perdiendo la memoria,
aunque parezca una locura,
no te reconoceré,
serás real como tu muerte.
Podré entonces llorar tu pérdida
desde la victoria de la certeza
ya sin lucha  
con la calma de la resignación
saldremos a la calle y la caminaremos.
No lo sabrás pero yo también estaré muerta.