viernes, 16 de septiembre de 2016

Ahora ya no puedo oírte
solo escucho a la ciudad
su lento vaivén de personas
su tráfico somnoliento y permanente.
Escucho a los paseantes
que deambulan arriba y abajo
dejándome pedazos de conversaciones,
unirlas es como confeccionar una historia
muchas veces absurda.
Escucho el tip tip tip de los semáforos
advirtiendo el hombrecillo rojo
y el revuelo de los pájaros cuando
va anocheciendo en la alameda.
Escuché una vez
que su trino desesperado y caótico
es porque creen que cada anochecer
se acaba el mundo.
Escucho caer las hojas de los árboles 
en este final de verano,
septiembre en las terrazas de los bares, 
las risas y la música mitigada por el abrir
y cerrar de las puertas de los locales de moda.
Colegiales histéricos escapando del colegio
me rodean y me confunden con ellos
como en un banco de medusas.
Media vuelta aleatoria paseando
por esta ciudad anodina
en la que soy huésped nuevo
porque no quiero volver a ella.
Pero a ti no te oigo,
a ti solo te veo alejarte
como en una pintura impresionista
borroso y líquido.




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